martes, 29 de mayo de 2012

Las prendas femeninas también tienen su historia


En gran parte del siglo XIX la característica en las prendas femeninas era “tapar casi todo”, se consideraba un pecado mostrar la piel; las mujeres usaban vestidos largos confeccionados con mucha tela y diferentes texturas, cuellos altos e incómodos.
Sin embargo la moda que siempre existió desde tiempos remotos, también fue evolucionando de acuerdo a los cambios. Los metros y metros de tela se redujeron con diseños más cómodos y sueltos, las féminas ya no tenían que usar los tortuosos corsés par mostrar “cinturas de avispa”.
Los cuellos que subían casi hasta el mentón fueron bajando paulatinamente hasta la altura de los hombros y como las mujeres se dieron cuenta que “mostrar” captaba la mirada de los hombres, se tornaron más osadas e impusieron los profundos escotes luciendo voluptuosos senos.
En pleno siglo XX, las cosas cambiaron mucho más, las mujeres se fueron apropiando del pantalón, que hasta entonces fue una prenda estrictamente de uso varonil, arguyendo que era muy cómodo y una ayuda para realizar una serie de tareas domésticas, deportivas y de aventura.
El largo de los vestidos fue subiendo al tobillo, a la media pantorrilla, debajo de la rodilla y finalmente sobre las rodillas. No faltó un diseñador que captó el efecto que las faldas causaba en el género masculino y lanzo al mercado la minifalta, que se convirtió en una poderosa prenda de seducción para las mujeres. Esta novedad surgió justo en el momento en el que ocurrían grandes cambios políticos, sociales y de concepción religiosa en el mundo. Desde entonces ya nada es igual. 

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